A solo 17 kilómetros de la ciudad de Oaxaca, el Exconvento de Cuilápam de Guerrero se presenta como un testimonio vivo de la fusión entre tradiciones indígenas y virreinales. Construido en el siglo XVI, este monumento destaca por su capilla abierta, una estructura con amplios arcos y una planta basilical que quedó inconclusa, sin techo, adaptándose a las prácticas ceremoniales al aire libre de los pueblos mixtecos y zapotecos. Esta adaptación facilitó la evangelización de miles de indígenas, integrando elementos europeos con explanadas extensas típicas de los centros prehispánicos. Además, el sitio alberga murales que combinan símbolos nativos con iconografía católica, reflejando un sincretismo cultural único. Según relatos históricos, en este lugar se condenó a muerte por rebelión a Vicente Guerrero, el segundo presidente de México, lo que añade un valor nacional indiscutible al recinto. Se menciona también la posible ubicación de la tumba de la princesa zapoteca Donají y su amado príncipe mixteco Nunaco, enriqueciendo su aura legendaria.
Sin embargo, la experiencia en Cuilápam trasciende lo histórico para adentrarse en el ámbito gastronómico, donde la cocina oaxaqueña cobra protagonismo en un restaurante adyacente. Ahí, los visitantes pueden degustar más de 50 platillos tradicionales, con énfasis en las siete variedades de mole: amarillo, rojo, negro, manchamantel, pipián y chichilo. Estos moles, preparados con ingredientes locales y técnicas ancestrales, representan un pilar de la identidad culinaria de Oaxaca. Complementan el menú opciones icónicas como las tlayudas y el chocolate con agua, ideales para disfrutar mientras se admira la grandeza arquitectónica del exconvento. Usuarios en redes sociales destacan recomendaciones como las costillas en salsa y el mousse de mezcal, que capturan la esencia innovadora de la gastronomía regional.

