La descomposición del sargazo en las costas del Caribe mexicano libera compuestos químicos peligrosos que exceden límites de normas mexicanas e internacionales, lo que representa una amenaza para la salud pública y los ecosistemas costeros. Un estudio conjunto del Tecnológico Nacional de México, el Cinvestav y el Centro de Investigación Científica de Yucatán analizó el lixiviado generado durante 80 días de degradación de sargazo recolectado en Akumal, Riviera Maya, y detectó altas concentraciones de arsénico carcinógeno, además de otros metales como cadmio, cromo, níquel y zinc, junto con hidrocarburos. Por ello, estos residuos podrían clasificarse como tóxicos según criterios estadounidenses, ya que superan los parámetros de la NOM-001-Semarnat para descargas de aguas residuales.
Esta acumulación masiva, estimada en 1.9 millones de camiones de volteo para 2025 y casi el doble del récord de 2018, agrava los problemas al depositarse en sitios inadecuados como manglares o terrenos sin infraestructura. En la península de Yucatán, la permeabilidad kárstica facilita la infiltración rápida de tóxicos al acuífero, principal fuente de agua dulce, mientras que la descomposición consume oxígeno y altera equilibrios ecológicos. Además, libera gases como sulfuro de hidrógeno y amoníaco, que provocan irritaciones respiratorias y otros malestares en comunidades costeras.
Los investigadores, en publicación de Marine Pollution Bulletin, urgen el diseño de sitios de disposición final con contención adecuada para lixiviados. Aunque en mar abierto el sargazo beneficia la vida marina como refugio y alimento, su arribazón masiva desde 2015 rompe ese balance y exige manejo integral. Fuentes científicas coinciden en que estos riesgos persisten y demandan acciones preventivas para proteger tanto la salud humana como los entornos costeros.

