Royal Caribbean presentó ante la Semarnat la Manifestación de Impacto Ambiental para el Royal Beach Club Cozumel, un complejo recreativo diurno de 17 hectáreas en Playa Mía, la última playa pública al oeste de la isla. El desarrollo, con piscinas, restaurantes y accesos a playa, atenderá hasta cuatro mil visitantes diarios de cruceros. Sin embargo, la propia MIA reconoce daños permanentes e irreversibles, como reducción de cobertura vegetal y afectación a manglares protegidos.
Greenpeace México advirtió que el proyecto provoca pérdida de flora nativa, desplazamiento de fauna silvestre y riesgos de sedimentación con contaminación en el arrecife cercano. La organización urgió a la autoridad negar la autorización, pues los impactos resultan acumulativos y sinérgicos. Además, comunidades locales denunciaron posible pérdida de acceso público a la zona.
La empresa justificó que parte del terreno ya cuenta con usos turísticos previos y prometió medidas de mitigación, como reubicación de especies. No obstante, activistas recolectaron firmas en Change.org contra el avance del club exclusivo. Cozumel, principal puerto de cruceros en México, proyecta superar cinco millones de visitantes anuales.
