La Navidad en Oaxaca no solo se vive en las calles y en las tradiciones familiares, también se saborea. Durante las fiestas decembrinas, las ocho regiones del estado despliegan una riqueza culinaria que reafirma la diversidad cultural y gastronómica que distingue a la entidad a nivel nacional e internacional.
En la región de la Costa, las mesas se llenan de pollos rellenos bañados en mole costeño, tamales de chileajo y una variedad de pozoles, acompañados de ponche caliente y mezcal artesanal. En el Istmo de Tehuantepec, el protagonismo lo tienen el pescado baldado con vinagreta picante, los tamales de mole rojo o negro y las tradicionales estorrejas cubiertas de miel.
La Mixteca conserva recetas de profundo arraigo, como la barbacoa de hoyo con mole de chivo, el guajolote enchilado y los romeritos, cerrando la cena con nicuatole como postre emblemático. En la Cuenca del Papaloapan destacan la cochinita asada, el guajolote relleno de almendras y los buñuelos bañados en miel de piloncillo.
En la región de la Cañada, los romeritos con nopales, el mole negro y la ensalada dulce de betabel forman parte del menú tradicional. Los Valles Centrales aportan platillos como lisas capeadas, molotes de chorizo y el clásico ponche de frutas endulzado con panela. Mientras tanto, en la Sierra Norte y la Sierra Sur se mantienen moles y tamales similares, reflejo de una herencia culinaria compartida.
Pese a sus diferencias, todas las regiones coinciden en un elemento común: atoles y champurrado que acompañan las cenas familiares, símbolo de convivencia y tradición. Así, la Navidad en Oaxaca se convierte en un mosaico de sabores que honra la identidad de cada región y refuerza el valor de la cocina como patrimonio vivo del estado.

