La COP30, celebrada en Belém, Brasil, reunió a delegaciones de 195 países y más de 42 mil participantes, quienes aprobaron el Paquete de Belém con indicadores comunes para medir preparación ante extremos climáticos. Además, los acuerdos triplican el financiamiento para adaptación hasta 2035 y movilizan 6,7 mil millones de dólares en un fondo para conservar bosques tropicales. Por otro lado, reconocen formalmente los derechos indígenas como estrategia central contra el cambio climático.
Sin embargo, la conferencia no incluyó compromisos vinculantes para reducir combustibles fósiles, ya que productores petroleros como Arabia Saudita bloquearon propuestas de transición energética. Solo 80 países impulsaron lenguaje firme al respecto, por lo que el nivel de ambición en mitigación permanece idéntico al de la COP29. Este estancamiento deriva del requisito de consenso, que permite veto individual y prioriza intereses nacionales inmediatos.
En consecuencia, la diplomacia climática enfrenta parálisis estructural tras treinta años de negociaciones, pese a progresos en adaptación y ausencia de sanciones por incumplimiento. Fuentes coinciden en que el multilateralismo se mantiene, aunque con resultados insuficientes ante la urgencia científica. Así, la COP30 evidencia contrastes entre logros parciales y bloqueos persistentes en temas clave.
