En el centro histórico de Oaxaca de Juárez, sobre la calle Francisco Javier Mina, se erige Chocolate y Mole La Soledad, un negocio familiar que ha trascendido generaciones y se ha convertido en un emblema cultural para los oaxaqueños. Este establecimiento, conocido por su oferta de chocolates y moles artesanales, atrae a locales y visitantes con productos que fusionan tradición e innovación. Entre sus especialidades destacan los chocolates amargo, almendrado, de leche, con sabores a canela, vainilla o moka, así como moles negro, rojo y coloradito. Para diversificar su catálogo, incorporaron el chocopombo, ideal para malteadas ya que se disuelve fácilmente en leche fría, y el chocomiel, endulzado con miel al estilo de las antiguas técnicas aztecas. Esta expansión responde al éxito inicial de sus recetas base, elaboradas con ingredientes de alta calidad provenientes de regiones como Chiapas y Tabasco.
La historia de este negocio se remonta a los años 30, cuando surgió de la necesidad local por un molino especializado en cacao. El contador Enrique Pombo Ramírez y su esposa Alicia Calvo Rosales, propietarios de molinos para nixtamal, granos secos y chiles, comenzaron a recibir peticiones para moler cacao, un proceso arduo en los hogares de la época. Inicialmente, Enrique molía el cacao con azúcar para que los clientes lo moldearan en tablillas, pero pronto optimizó el método al producir el producto final directamente, lo que impulsó las ventas. Hoy, el negocio es dirigido por Oscar Chávez Pombo y sus hermanos, quienes mantienen el enfoque artesanal mientras incorporan toques gourmet como chile, cardamomo y jengibre. Esta evolución ha consolidado su reputación, atrayendo a quienes buscan sabores auténticos y únicos.
Lo que distingue a Chocolate y Mole La Soledad es su compromiso con procesos tradicionales que garantizan calidad superior, sin sacrificar la accesibilidad. En un contexto donde la gastronomía oaxaqueña gana relevancia global, este negocio familiar no solo preserva técnicas ancestrales, sino que las adapta a paladares contemporáneos, contribuyendo al patrimonio culinario de la región.
