En el Kennedy Center de Washington D.C., donde se realizó este viernes el sorteo de grupos de la Copa Mundial de la FIFA 2026, la presidenta Claudia Sheinbaum capturó la atención no solo por su participación en la ceremonia, sino por el vestido morado que lució, adornado con el bordado tradicional del Istmo de Tehuantepec. El evento, que reunió a líderes como el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y el primer ministro de Canadá, Mark Carney, definió el calendario de la primera edición ampliada a 48 selecciones, con México como sede de partidos clave en ciudades como la capital, Monterrey y Guadalajara. Sin embargo, entre los flashes de la alfombra roja y las expectativas deportivas, el detalle artesanal de la prenda mexicana se convirtió en un símbolo de identidad cultural que trascendió fronteras.
El gobernador de Oaxaca, Salomón Jara Cruz, fue de los primeros en resaltar este gesto en sus redes sociales, al celebrar que el vestido incorporara el meticuloso bordado istmeño, elaborado a mano por artesanas de la región. «Oaxaca está presente en el sorteo mundialista», escribió el mandatario, enfatizando cómo esta elección pone en el mapa global el talento de las mujeres que preservan técnicas ancestrales de motivos florales y geométricos en colores vibrantes, elementos esenciales del traje de la tehuana. Este arte textil, parte de la autonomía cultural del Istmo, ha ganado reconocimiento internacional por su fuerza visual y su rol en la representación de la diversidad mexicana, similar a cómo otras técnicas oaxaqueñas como el algodón coyuchi o el bordado mixe han sido destacadas en plataformas globales. La presencia de Sheinbaum, acompañada por la jefa de Gobierno de la Ciudad de México, Clara Brugada, y gobernadores de sedes mundialistas, subrayó la unión entre deporte y herencia, en un contexto donde México asume su rol como anfitrión norteamericano.
La imagen del vestido generó una inmediata repercusión en redes sociales, donde usuarios de diversas regiones de México y el mundo elogiaron la visibilidad otorgada a Oaxaca en un escenario de tal envergadura. Comentarios destacaron el esfuerzo y la dedicación detrás de cada puntada, reconociendo cómo esta proyección fortalece el valor del trabajo artesanal y beneficia a las comunidades productoras al elevar su reconocimiento. Aunque algunos internautas cuestionaron los impactos económicos directos para las creadoras, la mayoría coincidió en que momentos como este reafirman la capacidad de la tradición oaxaqueña para dialogar con el presente global. Así, en medio de la euforia por los grupos definidos —con México encabezando el A—, el bordado istmeño recordó que el verdadero juego de México se juega también en sus hilos y colores, tejiendo orgullo nacional en cada evento internacional.
