La Unión Europea de Radiodifusión (UER) confirmó la participación de Israel en el Festival de Eurovisión 2026, lo que provocó el retiro inmediato de España, Países Bajos, Irlanda y Eslovenia, según anunciaron sus emisoras públicas este jueves en Ginebra. La asamblea general aprobó reformas en el reglamento, como la reducción de votos del público del 20 por ciento al 10 por ciento y la reinstauración de jurados en semifinales, con 738 votos a favor, 264 en contra y 120 abstenciones, pero evitó una votación directa sobre Israel, pese a demandas por su política en Gaza. Estas naciones, con historiales prolongados en el concurso desde 1956 en casos como España y Países Bajos, argumentaron incompatibilidad con valores éticos y denunciaron doble rasero, ya que la UER expulsó a Rusia en 2022 por la invasión a Ucrania. El evento, programado para mayo en Viena, pierde así a cuatro delegaciones clave, aunque Israel, patrocinador vía Moroccanoil, celebró la decisión.
RTVE de España expresó dudas sobre la neutralidad cultural del certamen, citando la instrumentalización política por Israel y el sufrimiento humanitario en Gaza, pese al alto el fuego reciente; el presidente José Pablo López afirmó que el festival se fractura por intereses geopolíticos. Avrotros de Países Bajos rechazó la injerencia en votos pasados y restricciones a la prensa, mientras RTÉ de Irlanda y RTVSLO de Eslovenia invocaron principios de paz europea, recordando el precedente ruso y exigiendo coherencia en sanciones. Gobiernos como el español, con apoyo del ministro de Cultura Ernest Urtasun y la vicepresidenta Yolanda Díaz, respaldaron el boicot para priorizar la justicia sobre el blanqueo de conflictos.
El ministro israelí de Exteriores, Gideon Sa’ar, arremetió contra los retirantes al avergonzarse de su boicot a un concurso musical y desearles «desgracia», según su publicación en redes; no obstante, la UER defendió la independencia de la radiodifusora KAN y rechazó politizar el evento. Islandia y Bélgica evalúan unirse al rechazo, pero por ahora mantienen silencio, lo que podría reducir participantes a 33 naciones si no hay ingresos nuevos. La controversia resalta tensiones en Eurovisión, el programa televisivo más longevo desde 1956, y cuestiona su rol como espacio unificador ante presiones globales.

