La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos rebajó sus proyecciones de crecimiento para el Producto Interno Bruto de México, con una tasa del 1.2 por ciento en 2024 y del 0.7 por ciento en 2025, cifras inferiores a las estimadas en septiembre. Esta moderación refleja una combinación de factores, entre ellos la debilidad en el consumo privado y la desaceleración del empleo formal en el sector industrial. Además, las exportaciones automotrices enfrentan presiones por la guerra comercial iniciada por Estados Unidos, lo que agrava la depresión de la inversión privada.
La alta dependencia de México del mercado estadounidense amplifica estos riesgos, ya que la desaceleración prevista en ese país y las condiciones financieras más estrictas impactan de manera más intensa las exportaciones y la inversión. Por ejemplo, aranceles elevados y mayor incertidumbre limitan el dinamismo comercial, pese al escudo que ofrece el Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá. Sin embargo, el Banco de México avanza en su ciclo de relajación monetaria, con una tasa de referencia en 7.25 por ciento tras recortes recientes, y proyecciones hacia 6.25 por ciento para finales de 2026.
Para contrarrestar estos retos, la OCDE sugiere políticas fiscales y monetarias coordinadas, como la consolidación del déficit público del 5 por ciento del PIB en 2024 al 3.2 por ciento en 2025 mediante ajustes en el gasto. Asimismo, recomienda ampliar la base impositiva en renta personal y mejorar la eficiencia tributaria para financiar educación e infraestructura. A pesar de las dificultades, el nearshoring podría atraer inversión extranjera en manufactura avanzada, aunque la recuperación general se proyecta gradual hasta un 1.7 por ciento en 2027.
