En uno de los rincones más emblemáticos de la ciudad de Oaxaca de Juárez, el pintoresco Barrio de San Matías Jalatlaco —recientemente designado como “Barrio Mágico” por la Secretaría de Turismo federal— se ha vestido de tradición, color y evocación para recibir a los espíritus que regresan en la festividad del Día de Muertos.
Las calles empedradas, las fachadas de cantera y los murales que narran resistencias y celebraciones —características de Jalatlaco— crean el escenario perfecto para que los altares broten en cada esquina. Los vecinos, comprometidos con el legado comunitario, montan ofrendas en casas, cafés y espacios públicos, donde el aroma del copal y la presencia de flores de cempasúchil anuncian que los ancestros están por llegar.
Este año, en uno de los rincones más pequeños del barrio, “el ratoncito Pérez” ha preparado su morada con especial esmero: velas, flores de cempasúchil, papel picado, sí, porque la tradición conversa con la creatividad— se han sumado al despliegue simbólico para acoger a las almas que vienen de visita. La ambientación no sólo es visual, sino que resuena en la comunidad del barrio y en los visitantes que pasean al caer la tarde.
En Jalatlaco, la tradición no es solo estática: la famosa “comparsa de muertos” que recorre las calles los días 1 y 2 de noviembre forma parte de la fiesta colectiva. Más de medio siglo de historia respaldan esta procesión donde música, disfraces y sátira se mezclan para festejar la vida y la memoria.
Asimismo, los altares comunitarios y los tapetes de arena o flores en el barrio son parte esencial del ritual: alusiones al viaje del alma, a la “vuelta a casa” que se celebra con alegría y respeto.

