El Zoológico de Guadalajara, fundado en 1988, protege a más de 300 especies de las cuales el 85 por ciento enfrenta amenazas graves en su hábitat natural, como la caza furtiva, la deforestación y el cambio climático. Este espacio de 50 hectáreas, ubicado en la barranca de Huentitán, resguarda cerca de 6 mil ejemplares individuales y se posiciona como uno de los más importantes de Latinoamérica por su enfoque en la conservación. Entre las especies destacadas figuran los pingüinos Adelia, el lobo gris mexicano, los rinocerontes indios, la guacamaya verde y la tortuga casquito, de la que solo sobreviven 500 en libertad.
La mayoría de los animales llega a través de programas internacionales de rescate, en colaboración con zoológicos, acuarios y asociaciones de México, Estados Unidos y Europa, así como con instituciones gubernamentales mexicanas. Estos esfuerzos incluyen intercambios genéticos para mantener poblaciones viables y promover la reproducción en cautiverio, con el fin de reintroducir ejemplares cuando las condiciones ambientales lo permitan. Además, el zoológico cuenta con 280 hectáreas de reserva ecológica que protegen hábitats locales y contribuyen a la biodiversidad regional.
Su Centro Integral de Medicina y Bienestar Animal, equipado con cirugías avanzadas, tomografías y laboratorios clínicos, atiende no solo a sus residentes, sino también a ejemplares de otras instituciones cercanas, bajo la coordinación de 25 especialistas. Recientemente, esta unidad recibió un premio de la Asociación de Zoológicos de Estados Unidos por su equipamiento superior. Sin embargo, los expertos enfrentan obstáculos para la reintroducción, derivados de la invasión urbana y la fragmentación de ecosistemas.

