Cinco cárteles y 32 células criminales extorsionan a productores en Tierra Caliente, con cuotas de hasta cuatro pesos por kilo de limón. El asesinato de Bernardo Bravo, líder citricultor, expone la vulnerabilidad pese a medidas estatales. La violencia eleva costos alimentarios en 10 a 20 por ciento.
Asesinaron a Bernardo Bravo Manríquez, presidente de la Asociación de Citricultores del Valle de Apatzingán, el 20 de octubre, tras denunciar amenazas del crimen organizado. Recibió escoltas de la Secretaría de Seguridad Pública del Estado, pero perdió custodia al ingresar al tianguis limonero, según el fiscal Carlos Torres Piña. Su padre sufrió igual destino hace una década por rechazar pagos millonarios a células delictivas.
Por otra parte, disputan el territorio los cárteles de Tepalcatepec, Jalisco Nueva Generación, Cárteles Unidos, Los Templarios y Los Viagras, con alianzas variables como la del CJNG y Los Viagras en Buenavista. Extorsionan a productores, empacadores y transportistas, con cobros de dos a cuatro pesos por kilo de limón y hasta 45 mil pesos por camión de aguacate. La revista Proceso documentó 32 células que se adhieren o pelean por el control en la región.
El Consejo Nacional Agropecuario condenó el homicidio de Bravo y alertó sobre el impacto en precios de alimentos por extorsiones persistentes. Autoridades federales y estatales desplegaron fuerzas en Tierra Caliente desde 2013, pero la violencia persiste con al menos 13 asesinatos de empresarios en año y medio por denuncias similares. Expertos urgen estrategias integrales contra la colusión y omisión gubernamental en la zona agrícola clave de Michoacán.
