En el corazón de la ciudad, a tan solo unos pasos del Zócalo capitalino, existe un rincón que se anuncia antes de verse: el aroma ahumado que flota en el aire guía a los visitantes directo al famoso Pasillo de Humo dentro del histórico Mercado 20 de Noviembre, donde la tradición culinaria oaxaqueña se enciende sobre el carbón.
El humo que se eleva como incienso festivo no es casualidad: cada puesto ofrece parrillas repletas de tasajo, cecina enchilada, chorizo oaxaqueño y costillas de cerdo, que los comensales eligen al momento para luego ver cómo el fuego transforma la carne en manjar. Alrededor, los vendedores completan la experiencia con cebollitas asadas, nopales, chiles de agua y tortillas recién hechas, servidas con salsas molcajeteadas que despiertan los sentidos.
Entre el humo se mezclan turistas curiosos, familias locales y cocineras de antaño que cuentan orgullosas cómo, desde hace décadas, este espacio alimenta tanto el cuerpo como el alma de Oaxaca.
Y para rematar, ningún festín está completo sin una tlayuda bien dorada o un traguito de mezcal artesanal.
Visitar el Pasillo de Humo no es solo comer: es vivir un pedazo ardiente y sabroso de Oaxaca, donde cada bocado cuenta una historia.

