En la región mixteca de Oaxaca, los cocopaches, también conocidos como chinches del mezquite o insectos payaso, se mantienen como un elemento distintivo de la gastronomía local. Este insecto, científicamente llamado Thasus gigas, se distingue por su coloración roja, negra y amarilla, así como por su tamaño, que puede alcanzar hasta siete centímetros en los adultos. Sin embargo, es la ninfa, la etapa juvenil, la que se recolecta para el consumo, garantizando la sostenibilidad de la población y el equilibrio del ecosistema.
La preparación del cocopache combina tradición y técnica. Antes de cocinarlas, las ninfas se sumergen en agua con cal durante la noche para eliminar bacterias y facilitar su limpieza. Posteriormente, se pueden freír hasta obtener una textura crujiente o integrarse en salsas con jitomate, chile de árbol, ajo y cebolla. Su sabor dulce, con un toque umami que recuerda al chocolate, junto con la combinación de texturas, ofrece una experiencia culinaria única que ha perdurado desde tiempos prehispánicos.
El cocopache no solo destaca por su sabor, sino también por su aporte nutricional. Rico en proteínas, hierro, calcio y fibra, forma parte de una dieta tradicional que incluye otros insectos como chapulines y chicatanas. En la gastronomía actual de Oaxaca, se incorpora incluso en recetas más complejas, como moles y estofados, acompañando bebidas locales como el mezcal, que realza sus notas terrosas y dulces. Así, este peculiar manjar refleja la riqueza cultural y natural de la región, preservando una tradición culinaria que enlaza historia, sabor y sostenibilidad.

