Por: Aylin Paredes
En la era de las notificaciones, las redes sociales y la conexión permanente, la capacidad de pensar con profundidad se ha convertido en un privilegio cada vez más asociado a los sectores con mayores recursos. Un análisis de The New York Times advierte que la lectura crítica, la concentración sostenida y el razonamiento profundo son habilidades en retroceso, desplazadas por un ecosistema digital que fragmenta la atención.
Datos de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) muestran que la alfabetización en adultos ha disminuido drásticamente en la última década, con un impacto más severo en comunidades vulnerables. La tendencia también alcanza a la niñez: pasar horas frente a pantallas reduce la capacidad de comprender textos complejos y limita el pensamiento analítico. Mientras tanto, sectores con mayores ingresos adoptan estrategias de desconexión —como escuelas libres de dispositivos, límites estrictos al uso de celulares o “ayunos de dopamina”— reforzando así una brecha en la calidad de la alfabetización.
Las aplicaciones y redes sociales, diseñadas para captar la atención mediante estímulos rápidos, actúan como una “comida chatarra” para la mente: fáciles de consumir pero de bajo valor cognitivo. Este patrón de uso intensivo se vincula con afectaciones en memoria, atención y hábitos de lectura, al punto que en 2023 casi la mitad de los estadounidenses no leyó un solo libro. Especialistas advierten que revertir la pérdida del pensamiento profundo requiere medidas deliberadas, como fomentar la lectura diaria, regular el tiempo frente a pantallas y enseñar a evaluar críticamente el contenido digital.
