La presidenta de México, Claudia Sheinbaum, rechazó las declaraciones del exmandatario estadounidense Donald Trump, quien calificó a la Ciudad de México como una de las urbes más inseguras de América Latina. En una conferencia de prensa, la mandataria enfatizó que tales afirmaciones no se sustentan en datos objetivos, al señalar que existen otras ciudades en la región con índices delictivos superiores por cada 100 mil habitantes. Sheinbaum subrayó la importancia de medir la inseguridad mediante tasas estandarizadas, que consideran el tamaño poblacional, en lugar de cifras absolutas de incidentes. Esta respuesta surge en un contexto de tensiones diplomáticas recurrentes entre ambos países, donde temas como la migración y la seguridad suelen generar fricciones.
Por otro lado, la presidenta coincidió parcialmente con Trump en que Washington D.C. presenta una mayor tasa de homicidios que la capital mexicana. Según datos oficiales, en 2024 la Ciudad de México registró 978 homicidios dolosos con una población superior a los 9 millones de habitantes, lo que equivale a una tasa de 10 por cada 100 mil personas. En contraste, Washington reportó 187 homicidios con aproximadamente 700 mil residentes, resultando en una tasa de 27 por cada 100 mil, lo que la posiciona como más insegura en este indicador específico. Sheinbaum atribuyó esta diferencia a la necesidad de contextualizar las estadísticas, evitando comparaciones directas sin ajustar por densidad demográfica.
Además, la mandataria insistió en que la Ciudad de México no encabeza la lista de las más violentas en América Latina, ya que varias metrópolis en otros países exhiben tasas más elevadas de delitos graves. Esta aclaración busca contrarrestar narrativas que, a su juicio, distorsionan la realidad y afectan la percepción internacional de México. Expertos en criminología coinciden en que factores como la pobreza, el acceso a armas y las políticas locales influyen en estos índices, aunque Sheinbaum no detalló alternativas específicas durante su intervención. El debate resalta la complejidad de evaluar la seguridad urbana en un mundo globalizado, donde las cifras absolutas pueden engañar sin un análisis profundo.
