Con 45,337 millones de dólares en inversión extranjera directa (IED), México se coloca como el segundo país más atractivo para el capital global en América Latina y el Caribe, solo detrás de Brasil. Este resultado refleja no solo el tamaño y dinamismo de nuestra economía, sino también la confianza que despierta el país en medio de una reconfiguración mundial de cadenas productivas.
¿Por qué está pasando esto?
1.El fenómeno del nearshoring.
México se ha convertido en el destino preferido para las empresas que buscan trasladar sus procesos de manufactura más cerca de Norteamérica. Su cercanía geográfica con Estados Unidos, su red logística, costos competitivos y tratados como el T-MEC, lo han posicionado como un hub industrial clave.
2.Manufactura y tecnología como motores.
Más del 50% de la IED se concentra en la industria manufacturera, especialmente en el sector automotriz, autopartes, electrónicos y tecnología avanzada. Las nuevas plantas de vehículos eléctricos y baterías son prueba de esta transformación.
3.Confianza y estabilidad económica.
A pesar de los desafíos globales, México mantiene una estabilidad macroeconómica que lo hace atractivo frente a otras economías de la región. El fortalecimiento del peso, la inflación controlada y la política fiscal estable juegan a su favor.
4.Infraestructura y megaproyectos estratégicos.
Iniciativas como el Corredor Interoceánico del Istmo de Tehuantepec, el Tren Maya y los nuevos polos industriales están generando una red de oportunidades que atraen capital de Estados Unidos, Europa y Asia.
5.Diversificación de mercados.
Con más de 40 tratados y acuerdos comerciales, México se ha consolidado como una plataforma de exportación global, capaz de conectar América, Europa y Asia con costos logísticos competitivos.
Una oportunidad histórica
Este logro no es casual. Es el resultado de años de apertura económica y del talento de millones de trabajadoras y trabajadores que son el verdadero motor de esta nación. México no solo recibe inversión; hoy exporta confianza, innovación y liderazgo.
La pregunta es: ¿estamos listos para aprovechar este momento histórico y convertirlo en un desarrollo equitativo que transforme regiones olvidadas y fortalezca a nuestra gente?

