Por: Aylin Paredes
Un meteorito procedente de Marte, el NWA 16788, se convirtió en el protagonista de una subasta organizada por Sotheby’s en Nueva York el pasado 17 de julio. Con un peso de 24,67 kilogramos, esta pieza, la más grande de su tipo hallada en la Tierra, alcanzó un precio de 5,29 millones de dólares (unos 4,55 millones de euros). Descubierta en 2024 en la región de Agadez, Níger, por un cazador de meteoritos, la roca desató un renovado interés por el mercado de estas piedras celestes, cuya compraventa, aunque apasionante, carece de regulación en países como España.
El mercado de meteoritos, especialmente en Estados Unidos y Europa, combina la fascinación científica con el negocio. En la subasta, Sotheby’s recaudó 7,92 millones de euros por unos 50 ejemplares, evidenciando el potencial económico de este sector. Sin embargo, expertos como Jordi Llorca, catedrático de Química de la Universitat Politècnica de Catalunya, advierten sobre los riesgos de fraudes, como la venta anónima de coordenadas de caídas a coleccionistas. En España, la ausencia de leyes específicas, a diferencia de la arqueología o la paleontología, facilita el comercio de estas piezas, lo que genera debates éticos sobre su recuperación y estudio.
Desde el ámbito científico, los meteoritos son clave para desentrañar el origen del Sistema Solar. Según Pablo Santos, del Instituto de Astrofísica de Granada, estas rocas, provenientes de eventos cósmicos violentos como choques en el cinturón de asteroides o en Marte, son “una carambola cósmica” que permite estudiar la evolución del cosmos. Pese a su valor, la falta de cooperación entre buscadores, científicos y comunidades locales, como en los casos de los meteoritos de Villabeto de la Peña (2004) o Traspena (2021) en España, dificulta su recuperación. La comunidad científica aboga por políticas que incentiven el hallazgo responsable para preservar el conocimiento que estas rocas ofrecen.

