Mientras las delegaciones deslumbran con su colorido folclor en la Rotonda de las Azucenas, un grupo de trabajadores realiza, en silencio, una labor esencial para el brillo de la Guelaguetza: los barrenderos.
Su trabajo, muchas veces invisible y poco reconocido, es fundamental para mantener limpios los espacios antes, durante y después de cada presentación. Sin importar las condiciones climáticas o el cansancio acumulado, estos trabajadores de limpia acuden puntuales a sus turnos para garantizar que el Auditorio Guelaguetza y sus alrededores luzcan impecables.
“Después de que termina cada función, nosotros entramos a limpiar todo lo que la gente deja: botellas, papeles, comida… No importa si llueve o hace calor, tenemos que dejar todo listo para el siguiente evento”, comparte Santiago Hernández Lució, trabajador con categoría de barrendero del municipio de Oaxaca.
Más allá de la escoba y el recogedor, su compromiso también se refleja en el amor por su tierra y en el orgullo de contribuir a la fiesta más importante del estado. Su labor es crucial para ofrecer a los visitantes una imagen digna de la hospitalidad oaxaqueña.
Por ello, entre música, trajes regionales y tradición, también debe aplaudirse a quienes, desde el anonimato, hacen posible que la Guelaguetza se viva con orden y limpieza.
Un reconocimiento merecido a las y los oaxaqueños que, con pasión y esfuerzo, dan brillo a esta gran celebración.
