La alcaldesa de Los Ángeles, Karen Bass, impuso un toque de queda en el centro de la ciudad para contener los enfrentamientos entre manifestantes y fuerzas federales, desencadenados por redadas migratorias. La medida, vigente desde las 20:00 hasta las 06:00 horas, abarca un área de 1.6 kilómetros cuadrados y comenzó la noche del martes. Bass declaró una emergencia local y advirtió que las autoridades arrestarán a quienes violen la orden.
La decisión responde a cinco días de protestas que dejaron 197 detenciones solo el martes, según la policía local, y 23 comercios saqueados. La alcaldesa señaló que el toque de queda pretende detener a quienes aprovechan el caos y proteger a la ciudadanía. Exhortó al gobierno de Donald Trump a suspender las redadas, argumentando que estas inflaman el conflicto.
El gobernador de California, Gavin Newsom, acusó a Trump de “atacar indiscriminadamente a familias inmigrantes” y “traumatizar comunidades” con operativos que van más allá de perseguir delincuentes violentos. Advirtió que la situación podría extenderse a otros estados. En Texas, el gobernador Greg Abbott anunció el despliegue de la Guardia Nacional para prevenir disturbios similares.
La orden exime a residentes del área, personas sin hogar, medios acreditados y personal de emergencia. El jefe de policía, Jim McDonnell, precisó que los infractores enfrentarán procesos legales. Bass destacó la necesidad de restaurar el orden en una ciudad que se prepara para el Mundial de fútbol de 2026, mientras equipos municipales reparan los daños en el centro.

