El papa León XIV, electo recientemente como líder de la Iglesia católica, emerge como una figura comprometida con las víctimas de la violencia y los desafíos sociales de América Latina, particularmente en México, el segundo país con más católicos del mundo. Expertos en teología y religiones destacan que Robert Francis Prevost, nombre secular del pontífice, aporta un perfil moderado y conciliador, con un enfoque firme en los derechos humanos, la justicia social y la defensa de los migrantes. Su experiencia como obispo de Chiclayo, Perú, entre 2015 y 2023, y su vida misionera en ese país durante los años de violencia de Sendero Luminoso, lo han sensibilizado frente a las problemáticas de la región.
Durante su trayectoria, León XIV ha criticado políticas migratorias restrictivas, como las impulsadas por el presidente estadounidense Donald Trump, y ha abogado por un trato digno a los migrantes. En Perú, su postura frente al expresidente Alberto Fujimori, a quien exhortó a ofrecer un perdón más explícito por las violaciones a los derechos humanos durante su gobierno, reflejó su compromiso con las víctimas. Teólogos como Wilmar Roldán, de la Universidad Javeriana, subrayan que el nuevo Papa encarna los valores de la doctrina social de la Iglesia, promoviendo la dignidad humana y la solidaridad, principios que resuenan con las necesidades de México, donde la criminalidad y la migración son temas urgentes.
Además, su elección rápida en el cónclave y su primer discurso, que incluyó palabras en español dirigidas a los fieles de Chiclayo, evidencian su conexión con las bases católicas y su capacidad para tender puentes entre sectores progresistas y conservadores. Aunque su oposición a la ordenación de mujeres y las uniones entre personas del mismo sexo genera debate, expertos como Carlos Garma Navarro, de la UAM, anticipan una relación diplomática con la presidenta mexicana Claudia Sheinbaum, dada su formación científica y su conocimiento de la cultura mexicana por haber crecido en Chicago.
