Un estudio internacional publicado en la revista Nature señala a la toxina bacteriana colibactina como posible desencadenante del aumento de casos de cáncer colorrectal en adultos jóvenes. La investigación, liderada por el biólogo español Marcos Díaz Gay, del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO), y la Universidad de California en San Diego, analizó 981 genomas de pacientes de 11 países. Los resultados muestran que esta toxina, producida por ciertas cepas de la bacteria intestinal Escherichia coli, deja “firmas mutacionales” en el ADN, 3.3 veces más frecuentes en pacientes menores de 40 años que en aquellos diagnosticados después de los 70.
Estas mutaciones, detectadas mediante técnicas de inteligencia artificial, se originan en la infancia, lo que sugiere que la exposición temprana a la colibactina podría adelantar décadas el desarrollo de tumores. La incidencia de cáncer colorrectal en menores de 50 años se duplicó cada década en los últimos 20 años en diversos países, un fenómeno que desconcierta a los científicos, ya que muchos pacientes carecen de antecedentes familiares o factores de riesgo como obesidad o hipertensión.
El estudio, parte del proyecto Mutographs of Cancer, encontró que estas firmas mutacionales son especialmente prevalentes en países con alta incidencia en jóvenes, como Argentina, Brasil, Colombia, Rusia y Tailandia, lo que apunta a posibles factores ambientales locales aún desconocidos. Ludmil Alexandrov, autor principal, destacó que las mutaciones asociadas a la colibactina surgen en los primeros 10 años de vida, lo que podría hacer que una persona desarrolle cáncer a los 40 años en lugar de a los 60.
Investigaciones previas, como un estudio de 2020 del Instituto Hubrecht en Países Bajos, ya habían demostrado que la colibactina daña el ADN humano, pero esta es la primera vez que se vincula directamente con el cáncer colorrectal de inicio temprano. Los autores enfatizan que, de mantenerse la tendencia, este tipo de cáncer podría convertirse en la principal causa de muerte oncológica en adultos jóvenes para 2030. Sin embargo, expertos como Julian Peto, epidemiólogo de la Escuela de Higiene y Medicina Tropical de Londres, advierten que la mayor presencia de estas firmas en tumores de pacientes jóvenes no prueba de forma concluyente que la colibactina sea la causa principal del aumento. Peto sugiere analizar tumores históricos para determinar si esta toxina también afectaba a generaciones anteriores.
El estudio abre la puerta a estrategias de prevención y detección temprana adaptadas a cada región, aunque los investigadores reconocen que aún no se sabe cómo ocurre la infección por bacterias productoras de colibactina ni cómo prevenirla. Alexandrov subrayó la importancia de continuar la investigación, alertando que los recortes presupuestarios a la ciencia, como los propuestos por el gobierno de Estados Unidos, podrían obstaculizar avances cruciales en la lucha contra el cáncer.
