Por Oscar García
La temporada de estiaje ya marca el pulso climático en Oaxaca. Con el arranque de febrero de 2026, diversas regiones del estado enfrentan condiciones de sequía moderada y un ambiente anormalmente seco que enciende alertas para los próximos meses.
De acuerdo con la Comisión Nacional del Agua, seis municipios del Istmo de Tehuantepec se encuentran en sequía moderada, mientras que otros 33 presentan clima seco que podría evolucionar a sequía si persiste la ausencia de lluvias. Aunque el dato genera preocupación, el informe más reciente precisa que alrededor del 92 por ciento del territorio estatal no está oficialmente en sequía, lo que indica un fenómeno focalizado, pero con potencial de expansión.
En el ámbito urbano, la situación se percibe de manera distinta. En Oaxaca de Juárez y otras colonias de la zona metropolitana, el suministro de agua potable ha sido irregular. En algunas calles el servicio no llega con frecuencia y varias familias dependen del reparto en pipas o del almacenamiento en cisternas. Autoridades señalan que este escenario responde principalmente a problemas de distribución y gestión del sistema hidráulico, más que a un colapso generalizado por sequía extrema.
El panorama meteorológico tampoco ofrece señales contundentes de alivio inmediato. El Servicio Meteorológico Nacional proyectó que durante el primer trimestre del año gran parte del país registrará lluvias por debajo del promedio. Si bien en algunas regiones del sureste podrían presentarse precipitaciones dentro de rangos normales, la tendencia general apunta a un estiaje que podría prolongarse más allá de lo habitual si las lluvias no se consolidan hacia finales de primavera.
El meteorólogo de la Coordinación Estatal de Protección Civil y Gestión de Riesgos, Cutberto Ruiz Jarquín, explicó que estadísticamente febrero, marzo y abril son meses propensos a la sequía y a la detonación de incendios forestales. En este periodo se combinan vientos, atmósfera seca, temperaturas elevadas y alta radiación solar, condiciones que crean un entorno favorable para la propagación del fuego, especialmente en el Istmo y en zonas rurales con vegetación susceptible.
Además, subrayó que durante enero y febrero ya se han registrado temperaturas por arriba de lo normal, tendencia que podría mantenerse en marzo. Las anomalías térmicas no solo incrementan el riesgo de incendios, sino que impactan directamente en la salud pública. Las olas de calor pueden provocar golpes de calor, insolación, deshidratación, enfermedades gastrointestinales y complicaciones cardiovasculares. Aunque no siempre exista un recuento preciso de víctimas asociadas al calor, especialistas advierten que se trata de un riesgo real y subestimado.
El efecto del estiaje también alcanza al sector agropecuario. En años recientes, productores han enfrentado reducción de forraje para el ganado y menor disponibilidad de agua para riego en pozos agrícolas, lo que repercute en costos y productividad. A ello se suma el incremento en el consumo de energía eléctrica por el uso de ventiladores y sistemas de enfriamiento, lo que puede generar presión adicional en la red eléctrica.
Ante este escenario, las recomendaciones se centran en la prevención. Autoridades exhortan a la población a protegerse de la radiación solar mediante sombreros, gorras, paraguas o sombrillas; evitar actividades al aire libre en las horas de mayor intensidad solar y mantenerse hidratada de forma constante para prevenir golpes de calor.
La vigilancia meteorológica y la cultura de la prevención serán claves en un periodo que, por estadística y tendencia climática, se perfila como uno de los más sensibles del año. El estiaje 2026 apenas comienza y sus efectos podrían intensificarse en las próximas semanas si no se registran lluvias significativas.

