México egresa más mujeres que hombres de las universidades, ya que ellas representan el 54.4 por ciento de los graduados, sin embargo, alrededor del 45 por ciento de las egresadas logra incorporarse al mercado laboral, mientras que cerca del 76 por ciento de los hombres con estudios universitarios obtiene empleo formal. Esta disparidad se agrava por la carga de cuidados que recae en las mujeres, pues 19.6 millones no participan en el mercado laboral debido a tareas domésticas y de cuidado, y ellas constituyen el 80 por ciento de los jóvenes que ni estudian ni trabajan. Datos del INEGI confirman desigualdades territoriales, como en Ciudad de México donde más de un tercio de las mujeres de 25 años y más cuenta con educación superior, frente a menos de dos de cada diez en estados como Guerrero, Oaxaca y Chiapas.
La participación laboral femenina alcanza apenas el 46 por ciento en México, muy por debajo del 67 por ciento promedio de la OCDE, lo cual limita el crecimiento económico y mantiene brechas en representación y salarios. En mandos medios y altos solo el 14 por ciento de los puestos los ocupan mujeres, y de cada diez direcciones apenas una corresponde a una mujer. La brecha salarial se sitúa en 27 por ciento según la última Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo, y factores como sesgos de contratación y rigidez laboral agravan la exclusión de las egresadas universitarias.
Si México alcanzara la tasa de participación femenina de la OCDE, incorporaría a 18.6 millones de mujeres adicionales al mercado laboral y el PIB aumentaría en 6.9 billones de pesos para 2035, según estimaciones del IMCO. La persistencia de estas desigualdades evidencia que el acceso a la educación superior no asegura autonomía económica para las mujeres, pese a su mayor graduación.
