Tres de cada cuatro personas que nacen en pobreza en México y dedican su vida al cuidado no remunerado de otras personas permanecen pobres hasta su muerte. El Centro de Estudios Espinosa Yglesias (CEEY) presentó el informe *Movilidad social y cuidados*, basado en la Encuesta ESRU de Movilidad Social en México 2023, donde se evidencia que el 73 por ciento de los cuidadores en hogares de menores recursos mantienen su condición socioeconómica a lo largo de la vida, en contraste con el 64 por ciento de quienes no asumen estas tareas. Esta labor, que ocupa el tercer lugar entre los factores de desigualdad de oportunidades —por detrás de los recursos económicos del hogar y el nivel educativo de los padres—, limita el acceso a educación, empleo y participación social.
La carga de cuidados recae principalmente en las mujeres, ya que el 76 por ciento de quienes realizan estas actividades pertenece a ese género y ser mujer multiplica por diez el peso de la desigualdad en las oportunidades para quienes cuidan. En el 40 por ciento de los hogares con menores ingresos, el trabajo no remunerado representa un obstáculo adicional para ascender en la escalera social, lo que agrava la persistencia de la pobreza en los estratos más bajos. El informe subraya que esta dedicación genera riesgos educativos, afectaciones a la salud mental y menor inserción en el mercado laboral formal.
El estudio del CEEY se suma a evidencias recientes sobre el valor económico del trabajo no remunerado en labores domésticas y de cuidados, que según datos del INEGI para 2024 equivale a 8 billones de pesos y representa el 23.9% del PIB nacional, con las mujeres aportando el 72.6 por ciento de ese monto. Esta realidad refuerza la necesidad de mecanismos como un Sistema Nacional de Cuidados para mitigar las desigualdades históricas en el acceso al empleo remunerado.
