El gasoducto Sierra Madre, con 800 kilómetros de longitud, cruza seis municipios de Chihuahua y diez de Sonora para conectar la frontera con Texas a la terminal de licuefacción en Puerto Libertad. Este ducto, parte del megaproyecto Saguaro Energía impulsado por la empresa estadounidense Mexico Pacific, transporta gas shale extraído por fracking en la cuenca Pérmica. Aunque la Comisión Reguladora de Energía otorgó permiso, la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales aún no autoriza la obra, que implica una inversión de tres mil 262 millones de dólares solo en la tubería.
La Manifestación de Impacto Ambiental identifica 15 efectos, de los cuales 14 resultan negativos, como la remoción de mil 979 hectáreas de bosque y daños a la hidrología, flora y fauna. El trazo pasa a 1.5 kilómetros de la Reserva de la Biosfera Janos, hogar de bisontes mexicanos y la mayor colonia de perritos de la pradera en Norteamérica, especie sensible a vibraciones subterráneas. Además, cuatro estaciones de compresión generarán emisiones de metano, un gas con potencial de calentamiento global 30 veces superior al dióxido de carbono.
Diez amparos presentados por organizaciones civiles paralizan la construcción, mientras la ONU cuestiona los riesgos climáticos y de derechos humanos en una carta de septiembre de 2025 dirigida al gobierno mexicano. La presidenta Claudia Sheinbaum atribuye el retraso a revisiones técnicas sobre la capacidad de suministro desde Texas y evaluaciones del impacto marítimo en el Golfo de California. Protestas en octubre de 2024 y 300 mil firmas recolectadas refuerzan la oposición de comunidades como Mata Ortiz, donde el ducto divide ejidos y amenaza tradiciones locales.

