La creación masiva de imágenes al estilo Studio Ghibli mediante inteligencia artificial (IA) genera un impacto ambiental significativo, según un estudio de la Universidad Carnegie Mellon que estima que producir una sola ilustración consume entre 0.018 y 3.45 litros de agua. La tendencia, popularizada en redes sociales por figuras como Delfina Gómez, Xóchitl Gálvez y hasta la Casa Blanca, utiliza modelos de IA como los de OpenAI, cuyos servidores requieren sistemas de refrigeración intensivos en agua y energía. Expertos advierten que el auge de esta práctica, que suma millones de imágenes generadas, agrava la huella hídrica y energética en un contexto de crisis climática global.
El informe detalla que los centros de datos, esenciales para operar modelos como ChatGPT o DALL·E, dependen de torres de enfriamiento que evaporan grandes volúmenes de agua para evitar el sobrecalentamiento de las unidades de procesamiento gráfico (GPU). Shaolei Ren, profesor de la Universidad de California, calcula que el entrenamiento y uso de estas tecnologías podría implicar un consumo de agua equivalente al de ciudades enteras si la tendencia persiste. En paralelo, el Departamento de Energía de Estados Unidos proyecta que el uso energético de los centros de datos de IA podría triplicarse para 2028, con emisiones de carbono asociadas que superan las de industrias tradicionales.
La polémica crece por el contraste con los valores de Studio Ghibli, cuyo fundador, Hayao Miyazaki, rechazó la IA en 2016 al considerarla “un insulto a la vida misma”. Las imágenes, que imitan el estilo del estudio japonés conocido por obras como «El viaje de Chihiro», han sido criticadas también por artistas que ven en la IA una amenaza a la creatividad humana. Publicaciones de entidades como las Fuerzas de Defensa de Israel, que usaron este formato con fines propagandísticos, intensificaron el debate ético, dado el mensaje antibélico de Miyazaki. OpenAI, por su parte, defiende que su tecnología busca ampliar la libertad creativa, aunque Sam Altman, su CEO, admitió que las GPU “se están derritiendo” por la demanda.
En términos numéricos, si se generan un millón de imágenes, el consumo de agua podría alcanzar los 3.45 millones de litros, sin contar la energía equivalente a cargar millones de teléfonos móviles. Investigadores de la Universidad de Colorado y la OCDE coinciden en que la falta de transparencia sobre estos costos dificulta una regulación efectiva. Mientras la moda de las imágenes estilo Ghibli sigue en auge, el impacto ambiental y las críticas éticas plantean un desafío para el uso sostenible de la inteligencia artificial.