Las Fuerzas de Defensa de Israel lanzaron una nueva oleada de ataques contra infraestructura iraní, entre ellas una planta de fabricación de motores para cohetes, lanzaderas de misiles balísticos de largo alcance, sedes de la Guardia Revolucionaria y la fuerza paramilitar Basij en Isfahán y otros puntos del país. El Ejército israelí describió estas acciones como parte de una fase para profundizar el daño a las estructuras centrales del régimen iraní. Paralelamente, misiles iraníes causaron dos muertes en una obra de construcción en Yehud, centro de Israel, y un ataque con drones en Sitra, Bahréin, dejó 32 heridos, incluidos niños y una menor con lesiones graves.
El portavoz del Ministerio de Exteriores iraní, Esmaeil Baqaei, descartó cualquier negociación de alto al fuego y afirmó que los esfuerzos se centran en dar una respuesta aplastante al enemigo. Baqaei acusó a Estados Unidos de buscar saquear los recursos energéticos de Irán mediante la ofensiva conjunta iniciada el 28 de febrero, y subrayó que los ataques afectan al pueblo iraní en su conjunto. Irán desvinculó sus acciones de hostilidad hacia otros países de la región y exigió que no permitan el uso de su territorio por parte de Washington.
La escalada, que ya supera los mil 200 muertos en Irán según autoridades locales, incluye bombardeos israelíes contra posiciones de Hezbolá en Beirut y órdenes de evacuación en el sur de la capital libanesa. Israel reporta 11 bajas propias y Estados Unidos siete, mientras Líbano eleva a casi 400 los fallecidos por acciones israelíes en su territorio. El conflicto mantiene en tensión la estabilidad regional sin perspectivas inmediatas de desescalada.
