México ocupa el primer lugar en producción y distribución de productos ultraprocesados en América Latina y se ubica como el cuarto consumidor de estos alimentos a escala mundial, según el Laboratorio de Datos contra la Obesidad. La compra per cápita alcanza 212 kilogramos anuales, de conformidad con cifras de la Organización Panamericana de la Salud. Más de siete de cada diez adultos presentan exceso de peso, al igual que 37.3 por ciento de los niños de 5 a 11 años y 7.7 por ciento de los menores de cinco, lo que equivale a casi cuatro millones de infantes, conforme a datos del Instituto Nacional de Salud Pública.
Más del 70 por ciento de la población consume de forma habitual estos productos, mientras el acceso a frutas, verduras y proteínas resulta limitado en los sectores de menores ingresos, de acuerdo con la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura. Entre los de mayor demanda figuran botanas saladas, bebidas azucaradas, dulces, chocolates, pastelitos, galletas, pan dulce empaquetado y sopas instantáneas, así como tacos, antojitos, hamburguesas y pizzas en el ámbito de la comida rápida. El ritmo urbano, las distancias, el tráfico, la falta de tiempo y las jornadas laborales impulsan la demanda de opciones hipercalóricas de bajo costo y amplia disponibilidad.
La incorporación de estos alimentos en los hábitos de la población se asocia con el incremento de sobrepeso, obesidad, hipertensión, enfermedades cardiovasculares, diabetes tipo 2, cáncer y mayor riesgo de mortalidad, conforme al Reporte sobre las Economías Regionales del Banco de México. Entre 2020 y 2023, 40.4 por ciento de los adolescentes mexicanos presentaba sobrepeso u obesidad y este grupo demográfico concentra el mayor porcentaje de consumidores. Especialistas recomiendan limitar su compra, leer las etiquetas, preferir alimentos frescos y naturales, y practicar ejercicio de manera cotidiana.
