Lejos de ser una costumbre del pasado, vender «para después» sigue siendo una herramienta que mantiene con vida a cientos de pequeños negocios en colonias, agencias, comunidades y barrios de la capital y de distintas regiones del estado.
Misceláneas, tiendas de abarrotes, tortillerías, carnicerías, farmacias de barrio e incluso algunos puestos de comida continúan confiando en clientes que no siempre tienen dinero disponible al momento de la compra, pero que prometen regresar a liquidar su cuenta.
En muchos establecimientos aún sobreviven las tradicionales libretas donde se anotan nombres, fechas, cantidades y adeudos. Algunas tienen años de historia y reflejan relaciones comerciales que han pasado de una generación a otra.
Para muchos comerciantes, el fiado representa un riesgo, pero también una necesidad. Negarse a ofrecerlo puede significar perder clientes habituales, especialmente en zonas donde gran parte de los ingresos familiares depende de trabajos temporales, remesas, ventas informales o actividades agrícolas sujetas a temporadas.
La práctica es particularmente visible en agencias municipales y colonias populares de Oaxaca de Juárez, donde los tenderos conocen por nombre a buena parte de sus clientes y saben cuándo reciben su salario, cuándo llega una remesa o incluso cuándo cobran algún apoyo gubernamental.
«Apúntemelo y se lo pago el viernes» sigue siendo una frase común en numerosos negocios de barrio.
Aunque no existen estadísticas oficiales sobre el volumen de ventas realizadas bajo este esquema, comerciantes consultados coinciden en que el fiado forma parte importante de sus ingresos mensuales. Algunos aseguran que entre el 10 y el 30 por ciento de sus ventas terminan registradas en una libreta antes de convertirse en efectivo.
Sin embargo, no todos los adeudos se recuperan. Los llamados «fiados perdidos» forman parte de la realidad cotidiana de muchos pequeños comerciantes. Mudanzas, cambios de domicilio o dificultades económicas suelen convertir algunas cuentas en dinero prácticamente imposible de recuperar.
A pesar de ello, el sistema continúa funcionando gracias a algo que cada vez parece más escaso: la confianza.
En un estado donde las relaciones vecinales siguen teniendo peso y donde gran parte de la economía se mueve a través de redes familiares y comunitarias, el fiado se mantiene como una especie de crédito informal construido sobre la palabra.
Mientras los bancos analizan historiales financieros y las aplicaciones evalúan perfiles de riesgo, miles de operaciones comerciales en Oaxaca siguen dependiendo de algo mucho más simple: que la persona regrese a pagar.
Porque detrás de muchas tiendas de barrio todavía existe una economía silenciosa que no funciona con contratos ni firmas, sino con el valor de la confianza entre vecinos.
