En Oaxaca está ocurriendo un fenómeno que hace apenas una década parecía impensable. Para miles de familias, el objetivo ya no es comprar una casa terminada ni comenzar una construcción inmediata, sino simplemente lograr adquirir un terreno.
En distintas zonas de la capital y municipios conurbados es cada vez más común observar predios delimitados con bardas improvisadas, cercas de alambre o simples montones de piedra que marcan la propiedad. Son terrenos comprados hace años que continúan vacíos, pero cuyos dueños consideran una inversión segura para el futuro.
La razón principal es económica. El incremento en los precios de materiales de construcción, la mano de obra, los servicios básicos y el propio valor del suelo ha provocado que construir una vivienda completa se convierta en una meta difícil de alcanzar para gran parte de la población.
Ante este escenario, muchas familias han optado por asegurar primero el terreno y dejar la construcción para después, incluso sin tener una fecha definida para iniciar la obra.
La tendencia puede observarse en colonias de reciente creación y zonas de expansión urbana, donde calles enteras muestran más lotes baldíos que viviendas habitadas. En algunos casos, los propietarios realizan únicamente trámites básicos o levantan una pequeña barda perimetral para proteger el predio mientras reúnen recursos.
Especialistas del sector inmobiliario señalan que el terreno se ha convertido en una especie de «ahorro tangible». A diferencia de otros bienes, el suelo rara vez pierde valor y, por el contrario, suele aumentar su precio con el paso de los años, especialmente en áreas cercanas a nuevos desarrollos urbanos.
El fenómeno también refleja una transformación en la forma de entender el patrimonio familiar. Mientras generaciones anteriores aspiraban a construir una casa en cuanto adquirían un predio, hoy muchas personas consideran suficiente dar el primer paso: convertirse en propietarios de una pequeña porción de tierra.
En municipios cercanos a la ciudad de Oaxaca, donde hace algunos años todavía existían amplias áreas de cultivo o terrenos comunales, la venta de lotes se ha multiplicado. Como resultado, han surgido nuevas colonias donde decenas de predios permanecen sin construir, pero ya tienen dueño.
Para muchas familias jóvenes, comprar un terreno representa la única oportunidad de ingresar al mercado inmobiliario. Aunque la construcción parezca lejana, consideran que esperar podría significar enfrentar precios aún más elevados en el futuro.
Así, entre el aumento del costo de la vivienda y la incertidumbre económica, el sueño oaxaqueño ha cambiado de forma. La meta ya no es estrenar una casa nueva, sino asegurar un terreno propio, aunque permanezca vacío durante años mientras llega el momento de convertirlo en hogar.
