El tradicional oficio de los organilleros fue reconocido oficialmente como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Ciudad de México, en un intento por preservar una de las estampas más emblemáticas y antiguas de las calles capitalinas.
La declaratoria fue publicada en la Gaceta Oficial de la Ciudad de México y contempla acciones para proteger el oficio, promover su permanencia y reconocer el valor histórico y cultural que representa para generaciones de mexicanos.
El gobierno capitalino señaló que el sonido del organillo forma parte de la identidad urbana de la ciudad y constituye una expresión cultural ligada a la memoria colectiva, especialmente en zonas tradicionales como el Centro Histórico, plazas públicas y corredores turísticos.
Además del reconocimiento simbólico, la medida busca impulsar estrategias de preservación, difusión y registro del oficio, así como integrar esta tradición a la Plataforma Digital del Patrimonio Cultural, Natural y Biocultural de la Ciudad de México.
Los organilleros tienen más de cien años de historia en el país. Los primeros instrumentos llegaron desde Alemania durante el Porfiriato y con el paso del tiempo se convirtieron en parte de la vida cotidiana en calles y parques de la capital.
Actualmente, decenas de trabajadores continúan recorriendo la ciudad con instrumentos antiguos que en muchos casos requieren mantenimiento constante, mientras enfrentan dificultades económicas y el riesgo de que la tradición desaparezca con el paso de los años.
Agrupaciones de organilleros habían solicitado desde hace tiempo el reconocimiento oficial del oficio, argumentando que representa no solo una actividad laboral, sino también una expresión cultural que identifica a la Ciudad de México dentro y fuera del país.
La declaratoria también reconoce el papel de los organilleros como parte del patrimonio sonoro y visual de la capital mexicana, en una época donde muchas tradiciones urbanas han ido desapareciendo por la modernización de las ciudades.


