Estados Unidos publicó su Estrategia Nacional de Control de Drogas 2026, en la que ubica a México como actor central en la crisis de fentanilo y otros opioides sintéticos. El documento clasifica a varios cárteles mexicanos como Organizaciones Terroristas Extranjeras y equipara el impacto de las drogas con el de armas de destrucción masiva. Además, exige al gobierno mexicano mayor incautación de precursores químicos, reducción de la producción y desarticulación de las estructuras de mando de las organizaciones criminales.
La nueva política condiciona la asistencia estadounidense —que incluye inteligencia, capacitación y operaciones conjuntas— a resultados verificables, entre ellos el arresto, procesamiento y extradición de líderes de los cárteles. El plan advierte que Washington utilizará todas las herramientas diplomáticas, de inteligencia, militares y económicas disponibles para desmantelar las redes transnacionales. También reconoce el flujo de armas desde Estados Unidos hacia México como factor que fortalece a los grupos criminales y propone interrumpir ese tráfico.
En caso de incumplimiento, el documento abre la puerta a acciones unilaterales, sanciones financieras contra entidades mexicanas y aislamiento de las cadenas de suministro. El texto resalta operaciones coordinadas recientes y prioriza el control fronterizo, el bloqueo de precursores y la reducción de la demanda interna en Estados Unidos.
