El estado de Oaxaca consolidó una amplia oferta turística y cultural que abarcó desde los Valles Centrales hasta la región de la Costa, integrando festividades que resaltaron la identidad textil, gastronómica y religiosa de la entidad. Durante este periodo, comunidades emblemáticas abrieron sus puertas para compartir procesos ancestrales, como ocurrió en Teotitlán del Valle con la Feria de Tapetes de Lana, donde el arte del tejido se mantuvo como el principal referente de identidad. De manera simultánea, la fe y la tradición se manifestaron en Ánimas Trujano a través de la representación de la Pasión de Cristo y la solemne Procesión del Silencio, eventos que congregaron a locales y visitantes en un ambiente de respeto y reflexión.
En paralelo, la actividad económica y turística se dinamizó en el litoral oaxaqueño con la celebración de la feria “Punta Zicatela Está de Pie” en Santa María Colotepec. Este encuentro frente al Pacífico permitió que productores locales exhibieran la gastronomía y artesanía de la zona, fortaleciendo la resiliencia del sector tras los desafíos recientes. Asimismo, San Pedro Tututepec conmemoró el aniversario de su fundación con una jornada de actividades culturales y música, reafirmando su relevancia como uno de los asentamientos con mayor legado histórico en la geografía estatal.
Finalmente, la riqueza de sabores y destilados se concentró en Tlacolula de Matamoros, municipio que albergó la Feria de la Nieve y el Mezcal. Esta plataforma no solo destacó la calidad de los productos artesanales, sino que también fungió como un espacio de encuentro directo entre los maestros mezcaleros y el público, cerrando así un ciclo de celebraciones que permitieron experimentar la diversidad oaxaqueña a través de los sentidos. La coordinación de estos eventos reflejó un esfuerzo conjunto por preservar el patrimonio inmaterial mientras se fomentó el desarrollo regional.
