La capital oaxaqueña se transformó este día en un escenario de hospitalidad y fe con la celebración del Viernes de la Samaritana, una festividad única en el país que congregó a familias, comercios y templos católicos para obsequiar bebidas típicas a locales y visitantes. Durante la jornada, que se desarrolló desde las 8:00 hasta las 14:00 horas, el Centro Histórico y barrios emblemáticos como Jalatlaco y Xochimilco lucieron adornos alusivos al pasaje bíblico del Evangelio de San Juan, donde se recreó de forma simbólica el encuentro entre Jesús y la mujer de Samaria mediante arcos de palma y pozos decorados.
En este marco de fraternidad, los transeúntes disfrutaron de una vasta oferta gastronómica que incluyó aguas de chilacayota, horchata con tuna y el ancestral tejate, así como nieves y dulces regionales entre los que destacaron nenguanitos y cocadas. Esta práctica, cuyos registros formales se remontan al siglo XIX en los templos de San Francisco y La Merced, trascendió este año el ámbito religioso para consolidarse como un pilar del patrimonio cultural de la entidad, involucrando activamente a dependencias gubernamentales y negocios privados que se sumaron al intercambio masivo de alimentos y bebidas de forma gratuita.
Aunado a la degustación, la festividad permitió que tanto residentes como turistas experimentaran de cerca la cosmovisión oaxaqueña previa a la Semana Santa. La jornada concluyó con una notable participación en el Andador Turístico y el barrio del Marquesado, reafirmando que esta tradición no solo cumple con un simbolismo teológico de caridad y generosidad, sino que funciona como un potente motor de identidad social que posiciona a Oaxaca como un destino referente para el turismo cultural y religioso en México.
