El enviado especial estadounidense Steve Witkoff declaró que las fuerzas de su país, en conjunto con Israel, eliminaron la mayor parte de la infraestructura de enriquecimiento y conversión nuclear iraní durante la ofensiva iniciada el 28 de febrero.
Witkoff precisó que Teherán contaba con 460 kilogramos de uranio enriquecido al 60 por ciento —suficiente para once bombas— antes de los ataques, y enfatizó que no existe justificación civil para ese nivel de enriquecimiento. Paralelamente, el Comando Central de EE.UU. reportó la destrucción de 16 buques minadores iraníes cerca del estrecho de Ormuz para proteger el tráfico marítimo.
Irán respondió con misiles y drones contra bases estadounidenses en Irak, Bahréin y Kuwait, así como contra objetivos en Israel. Dos buques comerciales sufrieron impactos de proyectiles de origen desconocido en el estrecho de Ormuz, uno de ellos con incendio y evacuación de tripulación, mientras el tráfico petrolero se redujo drásticamente y los precios energéticos se dispararon. El G7 respaldó medidas para mitigar la crisis mediante reservas estratégicas de petróleo.
Las operaciones, en su duodécimo día, incluyeron más de cinco mil 500 objetivos atacados en territorio iraní según fuentes estadounidenses, con amenazas iraníes de represalias contra centros económicos en la región.

