Un equipo internacional de investigadores, con la colaboración de la Universidad de Tubinga, presentó el hallazgo de un fémur fosilizado de 7.2 millones de años de antigüedad en el yacimiento de Azmaka, Bulgaria. Este descubrimiento, localizado en la llanura tracia cerca de la ciudad de Chirpan, planteó la posibilidad de que el ancestro humano más antiguo conocido no sea de origen africano, como sostenía la hipótesis predominante hasta la fecha. El espécimen, asignado al género Graecopithecus, superó en antigüedad a los registros previos que ubicaban el desarrollo de la marcha bípeda hace aproximadamente seis millones de años en el continente africano.
De acuerdo con los especialistas, los restos pertenecieron a un individuo de unos 24 kilogramos, probablemente hembra, que habitó un entorno de sabana similar al África oriental actual. El análisis morfológico del fémur reveló características propias de un organismo que ya se desplazaba sobre sus extremidades traseras, aunque no de la misma forma que el humano moderno. Nikolai Spassov, del Museo Nacional de Historia Natural de Bulgaria, precisó que el fósil combinó rasgos de grandes simios africanos con elementos de bípedos más recientes, lo que permitió identificarlo como un eslabón clave en la cadena evolutiva.
Bajo esta premisa, la investigación sugirió que el Graecopithecus descendió de simios balcánico-anatolios que poblaron la región hace ocho o nueve millones de años. Madelaine Böhme, del Centro Senckenberg para la Evolución Humana, planteó incluso que esta especie pudo expandirse desde los Balcanes hacia África, donde posteriormente surgieron ancestros como el Australopithecus afarensis. Con este nuevo panorama, la comunidad científica comenzó a reevaluar la cronología y la geografía del origen de nuestra especie, situando a Europa como un escenario fundamental en la transición hacia la marcha erguida.
