El Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) presentó nuevos hallazgos del Proyecto Templo Mayor que revelan una ceremonia de gran escala en la antigua Tenochtitlan. Durante el ciclo de conferencias “La arqueología hoy”, organizado por El Colegio Nacional, el equipo dirigido por el arqueólogo Leonardo López Luján dio a conocer el descubrimiento de tres depósitos rituales adicionales —las ofrendas 186, 187 y 189—, localizados en excavaciones recientes en el corazón del Templo Mayor, en el Centro Histórico de la Ciudad de México. Estos se suman a tres depósitos previos (18, 19 y 97), confirmando la existencia de seis tepetlacalli o cajas de piedra colocadas de manera simultánea en la etapa constructiva IVa del monumento, fechada entre 1440 y 1469, periodo de gobierno del huei tlatoani Motecuhzoma Ilhuicamina.
Los especialistas explicaron que los seis depósitos no corresponden a eventos aislados, como se había considerado inicialmente, sino que forman parte de una sola ceremonia colectiva de dimensiones colosales. López Luján destacó la logística implicada: decenas de sacerdotes y miles de fieles habrían participado en la colocación simultánea de reliquias escultóricas, caracoles, conchas, semillas, rostros de peces sierra, copal, chapopote y otros materiales. En total, los tepetlacalli resguardaban 83 figurillas antropomorfas de estilo Mezcala talladas en piedra verde —un volumen sin precedentes en el sitio—, así como esculturas de entre 600 y mil kilogramos que requirieron cuerdas, palancas y rodillos de madera para su traslado. El director del proyecto vinculó estos objetos al primer tlatoani mexica que conquistó territorios fuera de la Cuenca de México, interpretando las figurillas como botines de guerra traídos de regiones como Tlaxco y Tlaxmalac (actual Guerrero). Además, se recuperaron más de cuatro mil elementos malacológicos, principalmente caracoles de especies como Nerita scabricosta y Hexaplex brassica, procedentes de costas del Atlántico, algunos con indicios de haber sido transportados vivos.
Estos resultados refuerzan la hipótesis planteada desde finales de la década de 1970 por el arqueólogo Eduardo Matos Moctezuma sobre un patrón simétrico de ofrendas vinculado a la arquitectura del basamento, y permiten “cerrar un círculo” alrededor del Templo Mayor por primera vez. Tras un proceso de conservación meticuloso —que incluyó protección contra luz solar, control de humedad por seis a ocho meses, limpieza con hisopos y aplicación de fijativos naturales para estabilizar pigmentos—, las piezas quedarán resguardadas en el Museo del Templo Mayor. El INAH planea organizar una exposición que reúna por primera vez los seis depósitos, lo que abrirá nuevas líneas de investigación sobre las prácticas rituales mexicas.

