La pobreza laboral en México descendió a 32.3% al finalizar 2025, marcando el nivel más bajo registrado en la serie histórica, según el informe de la organización México, ¿cómo vamos? divulgado este miércoles. Este indicador, que mide la proporción de la población cuyos ingresos por trabajo no alcanzan para cubrir la canasta alimentaria, aún impacta a 42.3 millones de personas. El semáforo económico nacional se mantuvo en amarillo, ya que la meta ideal es reducirlo por debajo de 20.5%. A nivel estatal, Baja California Sur y Colima destacaron con las tasas más bajas, de 14.2% y 17.3%, respectivamente, mientras que Chiapas, Oaxaca y Guerrero superaron el 50%, reflejando desigualdades regionales persistentes. Sin embargo, siete entidades —incluyendo Ciudad de México, Coahuila, Durango, San Luis Potosí, Michoacán, Campeche y Baja California Sur— registraron incrementos anuales en este rubro comparado con 2024.
A pesar de la mejora general, la brecha de género se acentuó, afectando desproporcionadamente a las mujeres: por cada 100 hombres en pobreza laboral, hay 114 mujeres, un aumento respecto al trimestre anterior. El semáforo por sexo mostró amarillo para hombres (30.1%) y rojo para mujeres (34.2%), con esta disparidad presente en todas las entidades federativas. Como complemento, el 61% de la población no genera ingresos suficientes para cubrir tanto la canasta alimentaria como la no alimentaria, lo que significa que seis de cada diez mexicanos no satisfacen necesidades básicas.
En paralelo, el mercado laboral exhibe fallas estructurales. La tasa de participación laboral nacional cayó a 59.3%, por debajo de los niveles previos, manteniendo el semáforo en rojo. La informalidad, que priva a los trabajadores de seguridad social, subió a 55% de la población ocupada, con un incremento anual de 0.6 puntos. Los ingresos promedio mensuales alcanzaron 10,847 pesos, con un crecimiento real de 3.3%, pero persiste una brecha entre el empleo formal (14,258 pesos) y el informal (7,902 pesos), casi el doble.
El informe subraya que, pese a avances, urge abordar la baja participación femenina y la alta informalidad para un crecimiento inclusivo.

