En Tehuantepec, Oaxaca, vecinos del barrio Laborio han expresado su creciente descontento por la circulación y estacionamiento irregular de motocarros procedentes de San Blas Atempa, que han invadido sus calles sin respetar normas básicas de convivencia. Según José Eladio Díaz Vasco, secretario del Comité de Vecinos, estos vehículos se detienen arbitrariamente frente a las viviendas, suben pasajeros en cualquier punto y generan un caos que ha agotado la paciencia de la comunidad. El problema se agravó recientemente cuando los choferes retiraron con insultos un tope instalado por los residentes como medida de seguridad, en un sitio entre las calles Cristóbal Salinas y Rayón, donde fueron reubicados por autoridades municipales años atrás sin consulta previa. Esta situación ha llevado a los habitantes a unir fuerzas y demandar una intervención inmediata, advirtiendo que, de no obtener respuesta, tomarán medidas por cuenta propia para remover las unidades.
Ante esta escalada, los vecinos se reunieron con la presidenta municipal, Ana Cecilia Pérez Velásquez, para exponer las inconsistencias que afectan su cotidianidad, desde el desorden vial hasta la falta de respeto hacia peatones y residentes. Díaz Vasco enfatizó que la comunidad no busca confrontaciones extremas, pero insiste en una solución pronta para restaurar el orden. En respuesta, la edil se comprometió a convocar a los dirigentes de los motocarros con el fin de dialogar y hallar un acuerdo viable. Sin embargo, los afectados acordaron otorgar un plazo razonable; si la autoridad no actúa con celeridad, procederán a acciones independientes. Este conflicto resalta tensiones acumuladas en la zona, donde la reubicación inicial de los motocarros no consideró el impacto en la vida barrial, exacerbando fricciones entre transportistas y vecinos.
Mientras tanto, la comunidad de Laborio mantiene una postura de espera vigilante, confiando en que el diálogo propuesto por la presidenta municipal evite mayores confrontaciones. Este episodio subraya la necesidad de regulaciones más inclusivas en el transporte local, que equilibren las necesidades de movilidad con el derecho a un entorno pacífico. Las autoridades locales enfrentan ahora el desafío de mediar entre ambos grupos para prevenir que el malestar derive en acciones unilaterales, promoviendo así una convivencia armónica en esta región oaxaqueña.
