El académico cubano Arturo López-Levy, especialista en asuntos hemisféricos y exasesor político del gobierno de Fidel Castro, considera que el chavismo no abandonará su alianza histórica con Cuba, a pesar de las exigencias del presidente estadounidense Donald Trump y su secretario de Estado, Marco Rubio. En una reciente entrevista, López-Levy explica que, aunque la cooperación entre ambos países podría reducirse en intensidad debido a las presiones de Washington contra el régimen venezolano ahora liderado por Delcy Rodríguez –quien asumió como presidenta encargada el 5 de enero–, no llegará a una ruptura total. Esto se manifestaría en una disminución de la presencia cubana en el aparato estatal venezolano, donde operan alrededor de 20 mil cubanos, incluyendo asesores militares, de seguridad, políticos, médicos y profesionales. De ellos, entre cinco y seis mil son militares y oficiales de inteligencia de las Fuerzas Armadas Revolucionarias y el Ministerio del Interior de Cuba.
Sin embargo, el experto enfatiza que tanto el castrismo como el chavismo han convertido esta alianza, iniciada hace 27 años con Hugo Chávez, en un pilar de su proyección internacional, sustentada en vínculos ideológicos profundos que no se disolverán por decretos externos. López-Levy destaca que el mayor impacto para Cuba provendrá de la caída en el suministro de petróleo venezolano, agravada por el bloqueo naval impuesto por Estados Unidos antes de la operación del 3 de enero que resultó en el secuestro de Nicolás Maduro y su esposa, Cilia Flores, para ser juzgados en Nueva York. Esta situación golpeará duramente la economía cubana, ya en recesión por tres años debido a la crisis energética y la caída del turismo.
Además, el analista cuestiona la capacidad de Trump para gobernar Venezuela sin una ocupación militar, ya que el chavismo, a través del Partido Socialista Unido de Venezuela, mantiene el control de las instituciones civiles y militares. López-Levy ve en la captura de Maduro una derrota para los organismos de seguridad cubanos, que perdieron 32 agentes en el ataque, confirmando su rol en la protección del exmandatario –un secreto a voces que genera interrogantes sobre la confianza en las fuerzas venezolanas–. En este contexto, Rubio emerge como el arquitecto de la política hacia Latinoamérica, obsesionado con Cuba y extendiendo esa fijación a líderes regionales que no se alinean con su agenda.
