La expansión de la inteligencia artificial provocó una escasez histórica de memorias RAM, ya que los grandes modelos de lenguaje como ChatGPT, Copilot y Gemini consumen grandes cantidades de estos componentes para su entrenamiento y mejora. En consecuencia, varios fabricantes de notebooks optaron por configurar equipos nuevos con solo 8 GB como base, con el fin de mantener precios competitivos, aunque esta cantidad resulta insuficiente para aplicaciones actuales como navegadores o plataformas de streaming. Así, el mercado actual presenta configuraciones que recuerdan las de hace una década.
Esta presión sobre la cadena de suministro deriva de la priorización de producción hacia centros de datos de IA, lo que elevó los precios de módulos DDR5 y limitó la disponibilidad para dispositivos de consumo. Reportes especializados destacan que 8 GB representan un cuello de botella inmediato, pues aplicaciones modernas y tareas multitarea exigen más capacidad. Por ello, los consumidores enfrentan equipos con rendimiento inferior al de modelos anteriores de gama media.
El fenómeno contradice la tendencia histórica de aumento progresivo en memorias, ya que la inversión masiva en IA convierte la RAM en un recurso estratégico. Aunque funciones de inteligencia artificial en dispositivos requieren mayor cantidad para operar de forma fluida, la escasez obliga a recortes en especificaciones base. De esta manera, el avance tecnológico se concentra en sectores empresariales, lejos del acceso democratizado al consumidor.
