La capital oaxaqueña se consolida como un destino preferido para cerrar el año, con un flujo constante de visitantes que recorren sus calles empedradas, templos históricos y mercados tradicionales durante la temporada decembrina. Según proyecciones de la Secretaría de Turismo del estado (Sectur Oaxaca), entre el 19 de diciembre de 2025 y el 11 de enero de 2026 se espera la llegada de más de 341 mil turistas a los principales destinos, incluyendo la ciudad de Oaxaca, Bahías de Huatulco y Puerto Escondido, lo que generaría una derrama económica superior a los mil 600 millones de pesos y una ocupación hotelera promedio del 71.13 por ciento. En la capital específicamente, se anticipa la visita de alrededor de 113 mil personas, impulsadas por la reciente celebración de la Noche de Rábanos —que atrajo a más de 18 mil asistentes y dejó 41 millones de pesos— y por la búsqueda de experiencias culturales auténticas en un ambiente familiar y comunitario.
Los turistas, tanto nacionales como extranjeros, se concentran en el Centro Histórico, donde exploran iconos como el Templo de Santo Domingo de Guzmán, con su arquitectura barroca y conventos adyacentes, o la Catedral frente al Zócalo. Los mercados como el 20 de Noviembre y Benito Juárez se convierten en puntos obligados para degustar platillos típicos, desde moles y tlayudas hasta chocolate caliente y tejate, mientras las calles se animan con paseos espontáneos y compras de artesanías. Muchos complementan su estancia con excursiones cercanas a sitios como Monte Albán, Mitla o Hierve el Agua, atraídos por la fusión de historia prehispánica, colonial y gastronomía regional que distingue a Oaxaca.
Hacia el 31 de diciembre, la ciudad adquiere un tono festivo pero relajado, sin grandes eventos centralizados masivos. En el Zócalo y plazas aledañas, grupos de visitantes y locales se reúnen para compartir cenas callejeras, música en vivo informal y el conteo regresivo, acompañado ocasionalmente de fuegos artificiales espontáneos. En comunidades cercanas, tradiciones como la quema del «Año Viejo» —un muñeco simbólico— marcan la renovación, mientras muchas familias optan por celebraciones privadas con uvas de la suerte y reuniones íntimas. Esta combinación de vitalidad cultural y tranquilidad hace que Oaxaca ofrezca un cierre de año reflexivo y convivial, ideal para quienes prefieren autenticidad sobre espectáculos multitudinarios.

