En diciembre, los templos de Oaxaca se convierten en puntos centrales de reunión para miles de fieles que buscan refugio en la fe durante la temporada navideña. Las celebraciones religiosas, combinadas con tradiciones culturales arraigadas, atraen a comunidades enteras a misas, procesiones y eventos que fortalecen los lazos sociales en un ambiente de reflexión y convivencia.
Desde el inicio del mes, las festividades arrancan con la devoción a la Virgen de Guadalupe el 12 de diciembre, seguida por la honra a la Virgen de la Soledad, patrona de Oaxaca, el 18.
Estas fechas llenan iglesias como la Basílica de Nuestra Señora de la Soledad y otros templos con procesiones, mañanitas y calendas que incluyen música, danzas y fuegos artificiales. Posteriormente, del 16 al 24 de diciembre, las posadas recrean el peregrinaje de María y José por barrios y comunidades, culminando en convivencias con ponche, tamales y piñatas que unen a familias y vecinos.
En paralelo, las pastorelas —representaciones teatrales del camino de los pastores hacia Belén— se presentan en diversos espacios, como parte del Festival Navideño de la Primavera Oaxaqueña 2025. Estas obras, que fusionan humor, danza y mensajes espirituales, se programan en recintos culturales y ferias, atrayendo a públicos de todas las edades. El Gobierno del Estado promueve estas actividades con eventos gratuitos, incluyendo presentaciones artísticas que complementan el espíritu religioso.
Hoy, 23 de diciembre, el Zócalo capitalino acoge la edición 128 de la Noche de los Rábanos, donde hortelanos exhiben esculturas talladas en rábanos gigantes, muchas con temas navideños y religiosos. Esta tradición, que transforma el espacio en una galería efímera, refleja la creatividad oaxaqueña y precede las misas de Nochebuena, consolidando diciembre como un mes donde la fe actúa como eje de encuentro comunitario.
