La tradición del helado y la nieve en Oaxaca es más que un simple postre; es un legado familiar que se ha conservado y transformado a lo largo de seis generaciones. Manuel Velasco Cuevas, al frente de «La Santa Nieve», es el continuador de esta estirpe, pero también el responsable de un proceso de innovación que lo ha llevado a crear sabores tan singulares como el de la flor de Nochebuena. Este sabor, ideado hace cinco años, nació de una búsqueda por maridar la nieve con el espíritu navideño, y supuso un desafío que solo pudo resolverse encontrando la materia prima adecuada.
Velasco Cuevas relata que los primeros ensayos con la flor ornamental de invernadero resultaron en un producto que se «cortaba» o amargaba. La clave la encontró durante un viaje a Ixtlán de Juárez, donde observó flores de Nochebuena silvestres. Fue al experimentar con estas plantas que el sabor resultó exitoso, un proceso que implica la extracción de la «leche» del tallo, la flor picada, nuez y un ingrediente secreto. Esta nieve se suma a una lista de más de 300 sabores exóticos, como el de cempasúchil, mezcalina con cuishe o cannabis con mango (este último para pedidos especiales), los cuales son prueba de la visión moderna de Velasco.
La maestría de Manuel Velasco es heredada de una historia que se remonta a 1830, con su tatarabuela Carlota Hernández, originaria de la Sierra Norte. Carlota, tras aprender a elaborar nieve mientras trabajaba para una familia española, decidió independizarse e instalar un puesto en la Alameda de la ciudad, justo donde llegaba el hielo de Nevería. De esta manera, su hija, Ana Cleta (segunda generación), dio origen al icónico sabor de «leche quemada» a partir de un accidente con la nieve de vainilla, que terminó por ser rebautizado como «nieve de confirmación» o «nieve de bautizo» al ser adornado con fruta. Posteriormente, la tercera generación, con José Velasco y Consuelo Armengol, llevó el producto a la fama atendiendo incluso a figuras presidenciales.
Posteriormente, en 1953, la cuarta generación fundó «Nieves Manolo», la cual se consolidó vendiendo en escuelas y abriendo puntos de venta en diversas colonias de Oaxaca, alcanzando un alto reconocimiento que trascendió fronteras. Aunque Manuel Velasco Cuevas se separó de «Nieves Manolo» para forjar su propio camino con «La Santa Nieve», su deseo de innovar y expandir la oferta de sabores, incluyendo la decoración de barriles con alebrijes, ha mantenido viva la llama de la tradición familiar. Hoy, con la sexta generación en curso, a través de su hijo menor, la búsqueda de nuevos sabores como chepil con elote o hierba santa con vainilla garantiza la continuidad de esta dulce herencia oaxaqueña.
