Una tromba de aguas negras inunda desde el 16 de septiembre la comunidad de Santa Cruz Chignahuapan, en Lerma, Estado de México, y afecta a al menos 70 viviendas por un reventón en tubería de drenaje. El vertido, originado en municipios vecinos como Metepec y Tultepec, arrastra residuos industriales y químicos que cubren calles, patios y milpas de maíz con hasta 80 centímetros de profundidad. Vecinos como María de Jesús y Luis Gaitán describen pérdidas de animales de granja, electrodomésticos y cosechas, mientras el olor fétido persiste en la zona rodeada por el Río Ameyalco.
Autoridades locales de Lerma envían despensas y cloro a través del DIF municipal, pero omiten explicaciones sobre el retiro de una bomba succionadora que Conagua instaló el 12 de noviembre y retiró días después. Nayith Armenta, titular de OPDAPAS en Lerma, ignora solicitudes de entrevista por correo y WhatsApp, y el ayuntamiento no detalla el uso de subsidios federales para dragados o diques preventivos. La única bomba operativa funciona ocho horas diarias, insuficiente para drenar el lodo tóxico que impide el retorno de familias a sus hogares.
Productores como Francisco Díaz denuncian en noviembre el abandono gubernamental, y Conagua refuerza brigadas técnicas el 16 de ese mes para mitigar el rompimiento en el alcantarillado local, aunque sin avances concretos hasta diciembre. Residentes demandan dos bombas adicionales y limpieza de vertidos para mediados de este mes, junto con responsabilidad clara entre municipio, estado y federación. La inacción agrava la crisis en esta zona rural, donde impuestos y predial se pagan sin contraprestación en infraestructura.

