Miles de manifestantes recorrieron las calles de Belém, capital del estado de Pará en Brasil, el sábado 15 de noviembre de 2025, para exigir acciones inmediatas contra el cambio climático y la preservación de la Amazonia. Los organizadores calcularon una participación de 50 mil personas, que partieron desde un mercado local y avanzaron hasta un punto cercano al Parque da Cidade, sede de la COP30, resguardado por militares y barreras de alambre. Entre los símbolos destacaron tres grandes tumbas que representaban el entierro del petróleo, el gas y el carbón, mientras los participantes entonaron cánticos ambientalistas al ritmo de música local como el brega.
Líderes indígenas lideraron la movilización, con figuras como Txai Suruí, de 28 años y visible en cumbres climáticas previas, quien demandó que los países cumplan promesas sin retrocesos en la lucha climática. Benedito Huni Kuin, de 50 años y del pueblo Huni Kuin en Acre, alertó sobre la necesidad de más representantes indígenas en las negociaciones y describió la selva en una «masacre». Naraguassu Pureza da Costa, de 65 años y referente de la isla de Marajó, comparó la COP con invasiones históricas desde 1500, al señalar el retorno de capitales extranjeros y multinacionales que amenazan territorios ancestrales.
La marcha se desarrolló en el marco de la COP30, que inició el 10 de noviembre y se extenderá hasta el 21 en Belém, con debates estancados en financiamiento climático, reducción de emisiones y barreras comerciales, según reportes de la víspera. La ministra brasileña de Medio Ambiente, Marina Silva, respaldó la transición energética y enfatizó la elaboración de una hoja de ruta pese a desafíos internos. Este evento marca la primera protesta masiva en cumbres recientes, tras choques el martes entre indígenas y fuerzas de seguridad en la zona restringida, y coincide con diálogos presidenciales que revelaron avances parciales en la agenda.
