Los tlacoyales, cordones textiles que mujeres de diversas comunidades oaxaqueñas incorporan en sus peinados, trascienden su función práctica para convertirse en emblemas de identidad indígena. Elaborados principalmente con lana hilada a mano, estos accesorios protegen el cabello del polvo y el sol, al tiempo que adornan trenzas simples o complejas, según documenta el libro El Hilo Continuo, editado por The Getty Conservation Institute.
Desde épocas prehispánicas, las mujeres rurales los utilizaban en labores agrícolas; hoy, persisten en rituales como bodas en Pinotepa Nacional y fiestas tradicionales. En regiones como el Valle de Oaxaca, indican pertenencia a grupos zapotecos, mixes o mixtecos, mientras en la Sierra Mixe predominan tonos verdes y en otros sitios colores vibrantes como rojo y negro. Su confección involucra técnicas de trenzado transmitidas generacionalmente, con patrones geométricos o florales, y materiales que incluyen seda o algodón según el clima.
Además, su influencia se extiende a comunidades en México y Centroamérica, como Mixco en Guatemala. Ejemplares del siglo XX, conservados en el Museo Regional de Oaxaca, revelan tintes sintéticos antiguos como magenta y rodamina B, contribuyendo a estudios sobre adaptación textil. Así, los tlacoyales representan una forma de resistencia cultural ante la colonización y la modernización, manteniendo viva la vitalidad de las tradiciones indígenas oaxaqueñas.

