Dirigentes de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) se posicionan frente al Congreso de la Unión durante el paro nacional de 48 horas, con demandas por derechos laborales y abrogación de reformas educativas; rechazan etiquetas de «derecha» desde Palacio Nacional y denuncian gas lacrimógeno en su marcha pacífica hacia el Zócalo.
Afirmaron ante organizaciones sociales y medios su trayectoria de 46 años en la lucha educativa, con base en consensos asamblearios de las bases y sin dependencia de líderes unilaterales. Rechazaron los señalamientos de Palacio Nacional que los vinculan con la derecha, al tiempo que reiteraron su rol como trabajadores de la educación en busca de soluciones a demandas centrales. Enfatizaron que el paro actual responde al rechazo gubernamental a una huelga previa en junio, con el fin de reconocer derechos sindicales mediante diálogo efectivo.
La CNTE exigió la derogación total de la reforma educativa de 2013 y de la Ley ISSSTE de 2007, junto con un presupuesto educativo del seis por ciento del PIB según la UNESCO, en lugar del cuatro por ciento aprobado en la Ley de Ingresos para 2026. Denunciaron la protección gubernamental a las Afores que manejan más de 7 billones de pesos de ahorros de trabajadores, mientras se otorgan sueldos millonarios a diputados federales. Criticaron las consultas simuladas sobre la Ley de Carrera Magisterial, como las de 2019, por no atender necesidades laborales ni transformar la educación pública.
El paro de 48 horas, iniciado con movilizaciones en al menos 20 entidades, incluyó intentos de retirar vallas en Palacio Nacional, donde policías capitalinos respondieron con gas lacrimógeno sin reportes de lesionados. Previo a esta acción, la CNTE realizó un paro de 24 horas el 17 de octubre, con escaladas planeadas si persiste la falta de mesa de diálogo. Las protestas abarcan bloqueos en casetas y tomas de edificios públicos, en defensa de una organización fuerte contra la herencia neoliberal en el sector educativo.

