En un llamado urgente que resuena once años después de la tragedia, estudiantes de la Escuela Normal de Educación Preescolar de Oaxaca llevaron a cabo una rueda de prensa este viernes en Santo Domingo para exigir al gobierno federal el cumplimiento de promesas y la resolución definitiva del caso de los normalistas desaparecidos de Ayotzinapa. La manifestación, que reunió a decenas de participantes y contó con la cobertura de medios locales, revivió los dolorosos recuerdos de aquella noche del 26 y la madrugada del 27 de septiembre de 2014, cuando un grupo de alumnos de la Escuela Normal Rural Raúl Isidro Burgos, en Guerrero, se dirigía pacíficamente hacia la Ciudad de México para conmemorar el 2 de octubre. Interceptados por elementos policiacos en Iguala, el saldo fue devastador: tres estudiantes asesinados y 43 más desaparecidos, un suceso que ha marcado la historia reciente del país como un emblema de impunidad y violaciones a los derechos humanos.
Además, los normalistas oaxaqueños enfatizaron su solidaridad inquebrantable con las familias de las víctimas y con la propia institución guerrerense, subrayando que la búsqueda de verdad y justicia no es solo un deber moral, sino una responsabilidad colectiva que el Estado no puede seguir obstaculizando. «No podemos permitir que compañeros que alzan la voz sean silenciados de esta manera», declararon durante el evento, donde el ambiente se cargó de consignas potentes que unieron generaciones en un solo grito: «¡Ayotzinapa vive, la lucha sigue!». Esta protesta, que se enmarca en una serie de acciones conmemorativas a nivel nacional, pone de nuevo el foco en las barreras persistentes que enfrentan las investigaciones, como dilaciones procesales y presuntas interferencias, y refuerza la demanda de avances concretos en la localización de los desaparecidos y el castigo a los responsables. En un contexto donde las familias continúan su incansable labor sin respuestas plenas, el mensaje de Oaxaca se erige como un recordatorio vivo de que el tiempo no apaga la exigencia de accountability.
Por su parte, la movilización destaca el rol pivotal de las normales rurales en la defensa de los derechos estudiantiles, un legado que trasciende fronteras estatales y que, en esta ocasión, busca presionar a instancias federales para reactivar mecanismos de búsqueda e investigación independientes. Mientras el sol de mediodía iluminaba las pancartas en Santo Domingo, los presentes no solo honraron a los caídos, sino que tejieron un puente entre el pasado traumático y un futuro que, aunque incierto, se nutre de persistencia colectiva. Esta voz unificada podría catalizar más acciones en las venideras semanas, en vísperas del aniversario del 2 de octubre, recordándonos que la justicia, aunque tardía, sigue siendo un imperativo ineludible para sanar las heridas abiertas de la sociedad mexicana.
